|
Leyenda
|
|
La cueva de la ermita Hace muchos años vivía con su esposa en el pueblo de nomugi, en la provincia de Hida, un granjero anciano llamado Jinnai. Tenían una hija a la que adoraban. Su nombre era Yuka. Ella tenía siete años de edad y era una niña extremadamente hermosa. Por desgracia, justo en esta edad se desarrolló algo en su pierna, que empeoró y empeoró hasta que casi estaba deformado el miembro. O Yuka no sufría dolor, pero sus padres estaban muy preocupados. Los doctores, las medicinas y los consejos de muchos amigos no mejoraron la pierna de Yuka. "¡Qué triste será para ella más adelante!", pensaban sus padre y su madre. "Incluso ahora es triste que tenga la pierna deformada cuando juega con otros niños". Al no tener ayuda, Yuka y sus padres tenían que hacer lo que podían. En cualquier caso Yuka no era la única deformada en el pueblo. Había otros casos. Uno de los chicos compañero de juegos de Yuka, Takaro había nacido ciego, y otro, Rinkichi, eran tan sordo que podía pegar su oreja a la campana del templo mientras los otros la golpeaban y nunca oía el sonido, aunque sentía la vibración. Bueno, estos dos no estaban mejor que Yuka, quizá, por lo que sus padres empezaron a consolarse. La niña jugaba y parecía perfectamente feliz. El pueblo de Nogumi está al pie de la gran montaña Norikuradake, que se eleva a 10.500 pies, y es un lugar inexplorado de origen volcanico. Muchos niños de Nogumi solían ir a diario a jugar a la ladera cubierta de hierba de un antiguo embalse al final del pueblo. Tiraban piedras al agua, pescaban, navegaban en barcas y recogían flores. Ellos estaban allí desde la mañana hasta la tarde y llevaban con ellos arroz para comer. Un día, mientras jugaban de este modo, les sorprendio un anciano con una larga barba blanca que se acercó a ellos. Venía de la dirección de la montaña. Todos dejaron sus juegos para mirarle. Continuó hasta ponerse en medio de ellos, y dándoles palmaditas en la cabeza, parecía hacer amigos fácilmente. Dándose cuenta de la pierna mala de Yuka, dijo el anciano: ¡"Vamos! ¿Como es eso? ¿No han intentado curarte tus padres?" La pequeña yuka contestó que lo habían intentado, pero no pudieron hacer nada para mejorarla. El anciano hizo que se tumbara sobre la hierba y empezó a mover tirando de ella primero de una forma y luego de otra, y friccionándola con una medicina roja que sacó de su bolsa. Luego el anciano actuo en Takaro, el chico ciego, y en Rinkichi, el sordo. "Ahora niños" dijo él, "todos ,amaréis a vuestros padres y madres y será un gran placer para ellos descubrir que estáis curados de vuestros malestares. No estáis bien todavía, pero lo estaréis si hacéis lo que os digo por lo menos durante tres o cuatro dias. No tenéis que mencionar que me habéis visto hasta que os diga que podéis, despues de que estés curados. Mañana os encontraréis conmigo en el llano rocoso debajo de la cueva del monte Norikuradake. Conocéis el lugar. Muy bien, adiós, hasta mañana, y si veo hacéis lo que os he dicho, os haré reír enseñádoos algunos trucos graciosos." Luego caminó con dificultad en la misma dirección por la que había venido. Los niños continuaron jugando y pensaban: "¡Qué anciano tan agradable!" Yo Yuka, de forma extraña, sintió que podía usar mucho mejor su pierna mientras que caminaba hacia su casa. Se presta muy poca atención a los niños japoneses. Casi todos son buenos y se portan bien; así que cenaron y se fueron a la cama sin dar cuenta alguna de sus diversiones del día del extrano anciano. Al día siguiente fueron al llano rocoso; como había humedad, no habían salido hasta tarde, pero encontraron al anciano y, aunque él no tuvo tiempo para jugar con ellos ni de enseñarles los trucos que había prometido, se ocupó de la pierna de Yuka y del chico sordo y del ciego. "Ahora id a casa", dijo, "y volved aquí mañana. Cuando lleguéis a casa la pierna de yuka estará bien, Takaro será capaz de ver y Rinkichi podrá oír, y os aseguro que vuestros parientes estarán encantados. Mañana, si hace bueno, tenéis que venir temprano y tendréis un montón de diversión. " Incluso antes de llegar a casa, todo sucedió como dijo el anciano. Los tres niños se habían recuperado . Los aldeanos y padres se alegraron mucho, pero todos estaban desconcertados sobre quién podría ser el mago. "Si vuelve a la montaña, como dicen los niños, entonces tiene que vivir en la cueva", dijo uno. "Tiene que ser un Sennin", dijo otro. " Se rumorea que el sacerdote más famoso, Kukai shonin, que fundó el templo sagrado del monte Koyasan, en la provincia de Kii, era capaz de hacer estas curas maravillosas a los niños", añadió otro. A pesar de todas las charlas y conjeturas, ninguno pudo explicar cómo era posible conseguir que viera un chico que era ciego de nacimiento. Finalmente sugirió que dos o tres seguirían a los niños en secreto al día siguiente. Ocultandose quizá pudieran ver lo que sucedía. Aceptaron este excelente plan. Por la mañana unos treinta niños partieron al romper el día, seguidos sin saberlo ellos, por dos hombres del pueblo. Cuando llegaron los niños al llano rocoso -que se dice que es lo suficientemente grande cono para medir mil esteras japonesas de seis pies por tres- encontraron al anciano sentado en un extremo. Los dos hombres que los habían seguido se escondieron en unos arbustos de hermosa azalea. Primero vieron levantarse al anciano y luego acercarse a los niños al oír cómo se sentían los tres curados y cómo se habían alegrado sus padres. Takaro fue quizá el que estaba más contento de los tres, porque nunca había visto el mundo antes, ni siquiera a sus padres. "Ahora niños teneís que venir aquí os divertiré a todos. ¡Mirad aquí!" Diciendo esto el anciano recogio algunos palos secos, y soplando en los extremos, hizo que florecieran ramas de cerezo, ciruelo y melocotonero, y dio una rama a cada una de las niñas. Luego cogio una piedra la tiró al aire y, ¡mirad!, se convirtió en una paloma. A otra la convirtió en un halcón o, en realidad, en cualquier pájaro que eligiera un niño. "Ahora", dijo el anciano, "os enseñaré algunos animales que os harán reír." Él recitó algunos versos místicos y comenzaron a subir monos al llano rocoso que empezaron a luchar unos con otros. Los niños aplaudieron encantados, pero uno de los hombres que estaban escondidos exclamó asombrado: "¿Quién puede ser este mago? ¡Sólo un mago puede hacer estas cosas!" El anciano venerable oyó y, mirando alrededor con cautela, dijo: "Niños, no puedo hacer más trucos hoy. Se ha pasado mi tiempo. Me íre a mi casa y sería mejor que vosotros os fuerais a la vuestra. Adiós." Diciendo el anciano se inclinó ante ellos y, volviéndose hacia el sendero de la montaña, se fue en dirección a la cueva. Los dos hombres salieron de su escondite y ellos, junto con los niños, intentaron seguirle. A pesar de avanzada edad, él era mucho más agil que ellos entre las rocas, pero fueron lo bastante lejos como para verle entrar en la cueva. Algunas minutos mas tarde llegaron a la entrada y se inclinaron ante ella. La entrada estaba rodeada de flores fragantes, pero no se atrevieron a entrar en sus profundidades oscuras. De repente O Yuka señaló arriba diciendo: "Allí esta el abuelo." Todos miraron arriba y el anciano estaba sobre una nube justo sobre la cumbre de la montaña. "¡Ah!, ahora está muy claro", gritó uno de ellos. "Es el famoso ermitaño del monte Norikuradake." Todos de inclinaron y luego se fueron a casa a informar a los aldeanos de lo que habían visto. Se hicieron colectas y se construyó un pequeño templo dentro de la cueva, al que llamaron "Templo Sendokutsu", que significa "El templo de Sennin". Leyenda extraida del libro:
|
|
Diseño
Web
1artdesign@galeon.com |
|
MANGAMES
|
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |